martes, 30 de enero de 2007

Salieri, ¡serás Mozart, sin duda!


Esta tarde ha sido muy especial. Mucho. En el aula de música, el viejo piano, sin pedal, desafinado, ha cantado emocionantes piezas, sucumbiendo al hechizo de los dedos de David. David, el buscador de libertades. El bailador estático de tangos, el hechicero del heavy debussyniano. Bajo el lloro contenido de la música, el llanto de un pueblo que ofrendó seis millones de muertos, esperemos que para el ennoblecimiento de la conciencia de la Humanidad. El mismo pueblo que nos dio al Cristo. Riego, más tarde, ofrecía su sangre liberal en la playa, y se le enterraba con la bandera bordada por Marianita Pineda, mujer lorquiana y felizmente recordada. Y la seriedad, la generosidad de David encandilaba a sus compañeras, conmovía a sus amigos. Nos dejaba, quizá, dejadme que lo diga así, en la misma sintonía del alma en que Virgilio, melancólicamente, nos quiere al pie de sus mejores hexámetros, al pie de la pira funeraria de Dido.

Una hora tan suya como nuestra. Y ahora, de todos, si consigo haberla hecho resonar para vosotros. Gracias, David. Por tus ecos generosos.

1 comentario:

Salieri dijo...

Aquel fue un buen día sin duda, gracias por estas palabras Benjamín.